Fesprosa 20 años | Seminario Internacional «El movimiento sanitario frente a la coyuntura mundial y latinoamericana»

Coordinada por el secretario general, Jorge Yabkowski, se abrió con la ponencia de la presidenta de FESPROSA, María Fernanda Boriotti, que hizo una síntesis de la situación sanitaria argentina, el marco mundial con Trump involucrado en la política y economía del país,las luchas de los trabajadores, las perspectivas frente a un gobierno de ultraderecha que ha cercenado los planes de salud pública e hizo una glosa de las estrategias de FESPROSA en conjunto con otras organizaciones, como el Frente de Gremios Estatales, el Cabildo Abierto por la salud para concluir que era imprescindible profundizar la unidad en el campo sanitario y en el movimiento obrero y popular para revertir y frenar las políticas neoliberales y represivas encarnadas por el gobierno libertario.
A su turno, Solange Caetano, presidenta de la Federación Nacional de Enfermeras de Brasil y recientemente electa presidenta de la Federación Interamericana de Salud de la Internacional de Servicios Públicos, dio un panorama de la situación brasileña. Por un lado señaló el alivio con el triunfo de Lula sobre la ultraderecha de Bolsonaro, señalando que durante la pandemia la política antivacunas y anticuidados del gobierno derivó en muerte de pacientes y trabajadores. Respecto a la situación actual, señaló que las expectativas de los trabajadores de la salud frente al actual gobierno no se vieron enteramente satisfechas. Persiste una situación salarial dificultosa, un altísimo grado de precarización laboral, en particular dentro del Sistema Único de Salud, en los municipios y establecimientos que manejan organizaciones no gubernamentales y que no se ha podido avanzar decididamente en una carrera profesional para el conjunto del equipo de salud del SUS. A la vez la penetración de las multinacionales extranjeras en el campo de la tecnología, los medicamentos y de las prepagas, llamados planes de salud complementaria, opacan por su volumen al presupuesto destinado al Sistema Único de Salud. Comprometió obviamente a la Federación Interamericana en la lucha común contra las privatizaciones y en defensa de los derechos laborales.
Habló el luego Norma Lezana, Secretaria General de la Asociación de Profesionales y Técnicos del Garrahan, la que hizo una glosa de la lucha de los trabajadores desde hace dos años y reivindicó el triunfo obtenido con el 61% de aumento. A pesar de ello, la preocupación en el hospital sigue, ya que el Gobierno de Milei ordenó sumariar a los 44 más importantes dirigentes, entre ellos la propia Lezana, por haber liderado un conflicto que tuvo repercusión nacional e internacional. Lezana completó su intervención con las posiciones de su agrupación y su visión sobre la situación política y las alianzas necesarias para mejorar la situación de los trabajadores.
Cerró esta mesa, Gabriela Farías, vicepresidenta de la CUT y presidenta saliente de la FENPRUSS organización hermana de la FESPROSA, que nuclea a los profesionales de la salud pública chilena, y que acaba de cumplir 30 años. Gabriela sostuvo que, al igual que en Brasil, había una expectativa muy grande, con el triunfo del gobierno de Boric, de avanzar en reformas en un sistema de salud que fue pionero de las privatizaciones en América Latina, con la instauración de las ISAPRES, similar a las prepagas argentinas, y las AFP, similares a nuestras AFJP. La privatización de la salud y las jubilaciones, iniciada en el régimen de Pinochet y continuada luego por el conjunto de los gobiernos democráticos, necesitaba empezar a ser revertida para mejorar la universalidad y la calidad de los servicios de salud chilenos. Ello no ocurrió. Si bien hubo algunas conquistas, como el aumento del salario mínimo, y se mantuvieron ciertos ámbitos de diálogo social, todo ello fue insatisfactorio, y en su convicción personal, Gabriela dijo que la expansión y el casi seguro triunfo de la ultraderecha en el ballotage del próximo 14 de diciembre encontró, entre otras causas, las insuficiencias en las transformaciones a las cuales el gobierno progresista se había comprometido.
Se generó luego un animado intercambio entre el público que colmaba el salón auditorio de Ate y los panelistas concluyéndose que Valores como la democracia de base, el pluralismo tenían que ser rescatados en la acción sindical con autonomía frente a los gobiernos, incluidos los gobiernos progresistas.

El seminario continuó con la mesa, La salud global en disputa. Abrió el debate Claudia Naranjo, odontóloga, dirigente histórica de Alames Colombia, que hoy forma parte de los equipos de salud del gobierno de Gustavo Petro. Por un lado, remarcó que la historia de la salud colombiana era una historia de profunda desigualdad social entre los sectores más pobres que no tenían acceso a nada y una elite urbana que usufructuaba un reducido sistema privado de salud. Eso fue cambiando paulatinamente. Sin embargo, sobre los años dos mil, los gobernantes colombianos optaron por seguir adelante las políticas del Banco Mundial y pergeñaron la famosa ley cien, donde el conjunto de los recursos de los trabajadores y parte de los recursos estatales iban a una suerte de fondo que administraban los grandes capitales y que se encargaban de dar prestaciones a los usuarios. Obviamente, para mantener el negocio, la restricción de estos sistemas de financiamiento llevó a que, en los últimos veinticinco años, Colombia estuviese inundada de amparos judiciales por prestaciones no efectuadas por las financiadoras. Petro asumió con el compromiso, como primer gobierno progresista de la historia colombiana, de dar un giro a la situación, eliminar la ley cien y marchar a un sistema universal y de calidad. Y si bien algunos logros se dieron durante el su gobierno en el plano Económico Social, por diversas razones, estos no impactaron en la imagen del primer mandatario, y, a su vez, reconoció, inclusive, como miembro del gobierno, que hubo muchísimos casos de corrupción en la administración del estado y que ello melló la popularidad y la confiabilidad del pueblo colombiano en un gobierno de este signo. Su palabra fue de autocrítica, pero no como flagelo, sino como reflexión de las precondiciones de transparencia que, sin dudas, necesitan las coaliciones progresistas y de izquierda para poder gobernar, dando un salto adelante en la materialización de las esperanzas del pueblo.
Tomó la palabra luego Pedro Vilardi, brasileño, coordinador de los equipos de salud de la internacional de servicios públicos a nivel americano, y luego de dar un pantallazo de la batalla contra los sectores reaccionarios y privados en las Américas hizo el centro en la construcción de un poder sindical capaz de crear alianzas sociales que puedan revertir estas políticas. Esas alianzas sociales son centro de las construcciones que hoy propone la Internacional de Servicios Públicos. Valoró, al igual que Solange, la creación de la Federación Interamericana, hizo una breve glosa de lo actuado a nivel de la Organización Mundial de la Salud en la pospandemia. Y comunicó que, con gran alegría, por primera vez, la ISP pudo participar en el plenario de la Organización Panamericana de la Salud como vocera de los trabajadores y de sus necesidades.
Cerró este bloque Óscar Feo Isturiz, fundador de Alames Venezuela, una voz respetada y querida en todo el sanitarismo latinoamericano. Hizo el centro en que la era Trump, con la ruptura de los organismos del sistema de Naciones Unidas, EEUU ha dejado de financiar la OIT y ha salido de la OMS, en la cual aportaba el veinticinco por ciento del presupuesto, creando una enorme crisis económica y de funcionamiento, tanto en OMS como en la OPS.EEUU lleva una política imperial para desarrollar una estrategia sanitaria regresiva como nunca antes. Los despidos masivos en el sistema de salud norteamericano, la campaña antivacunas que ha disminuido las tasas de vacunación, no solo en Estados Unidos, sino en toda Latinoamérica, nos dejan expuestos epidemias y nuevas pandemias.
Oscar agregó que las instituciones del Sistema de Naciones Unidas, en particular la Organización Mundial de la Salud, no eran un dechado de virtudes. Desde hace tiempo se las veía colonizadas por los grandes capitales, que son hoy quienes aportan el 70% de financiación y por lo tanto marcan la agenda y la política en la OMS. Es lo que él, al igual que varios sanitaristas, llaman filantrocapitalistas. Y en ese sentido dice que hay una continuidad histórica entre los planes de invertir en salud del Banco Mundial de los años 90, de dar pequeños paquetes para pobres y luego salud para las clases medias y los ricos, en la medida que éstas se la puedan pagar. Hoy está en la filosofía de todas las ultraderechas y, en particular, impulsada por la derecha trumpista desde Estados Unidos.
Llamo a no dejarse engañar en los debates dentro del campo sanitario por palabras aparentemente neutras, pero que esconden una determinación de no transformar el sistema. Citó en particular la gobernanza, a la que caracterizó como una forma de llamar al status quo en el campo de la salud, cobertura, resiliencia, derechos, libertad, igualdad….
Luego se refirió a uno de los grandes condicionantes de la salud colectiva, como lo es el cambio climático. Y aquí volvió sobre el concepto de que el cambio climático no es neutral, sino que está provocado por los dueños del mundo, por los grandes capitales transnacionales, que en función de maximizar sus ganancias, se niegan a cualquier control eficaz de las emisiones de dióxido de carbono, y con ello se hacen cómplices de un calentamiento global que va provocando desastres focales y que parece irreversible. También la revolución tecnológica que vivimos, profundizando brechas de riqueza, precarización, desempleo estructural y mayor dependencia generando datos que no son trabajados y cuidados por organismos públicos.
En este panorama de gobiernos de ultraderecha, regresivos, anticientíficos y antisanitarios, aliados con grandes empresas que solo piensan en sus intereses, Óscar brindó la esperanza de la unidad de los pueblos. La lucha hoy por la salud colectiva, por los derechos laborales y contra el cambio climático deben ser una sola y las organizaciones progresistas del campo de la salud tienen que tener una agenda amplia, nacional e internacional, de movilización para enfrentar una crisis que puede terminar con el planeta.
Mimi Alemani, secretaria general electa de FEPROSA, fue encargada de cerrar la mesa, señalando los puntos más importantes de las exposiciones vertidas y haciéndose eco de las palabras de los participantes, instar a la mayor unidad a nivel nacional e internacional para enfrentar estos desafíos.

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